Muchas veces no nos detenemos en lugares por desconocimiento, por no saber qué hay o qué hacer. La villa de Espita fue un maravilloso regalo en el camino, mi suerte fue que paré.

A veces salgo sin un plan concreto de dónde voy a dormir, lo que me permite elegir según va el día. Espita no entraba en mi plan, iba camino a Cenotillo y Tunkás para fotografiar sus cenotes, pero iba cansada, el día estaba medio nublado y no sabía seguro si había hospedaje donde me dirigía. Al cruzar por Espita vi un alojamiento y me detuve a preguntar: conversando con el muchacho del hotel, muy amable como el resto de espiteños con los que hablé, me comentó que había un cenote muy bonito en las cercanías. Eso fue suficiente para cambiar mi plan y acabar durmiendo en Espita: así de simple son a veces los cambios.

Una vez encontrado hospedaje, me faltaba lugar donde comer. En las poblaciones siempre encuentras donde desayunar cerca de los mercados y varios lugares de cocina económica, a veces sin anunciarse, dentro de las mismas casas. No son fáciles de ver si no tienes costumbre. Lo más sencillo es preguntar, la amabilidad del lugareño de estas tierras siempre conduce a cosas buenas. En esta ocasión simplemente pasé por delante de un local donde comían varias monjas y entré. Un acierto: comida sabrosa y buen precio. El restaurante de Mildred, quien tiene buena mano tras los fogones, lo conocen como La Doña (detrás del Palacio Municipal, calle 22 con la 23). Me dijeron que Espita tiene fama por postres como las arepas, así que hay que probar los dulces y otros manjares la próxima ocasión.

Espita, Yucatan
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Algunos bajos los acomodan como restaurantes, sin cartel

Espita, Yucatan La Doña
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Con Mildred, qué amable fue 🙂

Hacienda y cenote Kancabá:

Hospedaje y panza llena es todo lo que necesita el viajero, ya tenía mis básicos en Espita, sólo faltaba salir a conocer el cenote.

Fue otra linda sorpresa el cenote Kancabá, que toma su nombre de la antigua Hacienda henequera. Esta área fue prolífica en haciendas, donde cultivaban el llamado oro verde, una especie de cactus nativo del Yucatán. De las hojas del henequén se extraen sus fibras naturales para la fabricación de hilos y tejidos de uso doméstico, comercial, agrícola e industrial. El henequén marcó la vida social y económica de la región de Yucatán, donde todo giró a su alrededor del 1850 a 1950. Las antiguas vías de tren, medio de transporte del henequén, cruzan la villa de Espita indicando este pasado no tan lejano. La Hacienda Kancabá la han reformado para ofrecer hospedaje, y permiten acceder al fantástico cenote que hay dentro de la propiedad, algo muy usual en las haciendas. Este lugar merece una entrada completa en las andaduras de estas tierras, seguro te gustará.

¿Qué más hacer en Espita?

Otros atractivos a visitar en Espita son la zona arqueológica Pom, te queda en la salida oeste,  la antigua estación de ferrocarriles, el centro cultural Sociedad Progreso y Recreo, la plaza de toros o la iglesia de San José.

Recorrer Espita es saborear Yucatán, su parque central, la glorieta, el Willys y su música atronadora, la casa cultural, los tricitaxis y mototaxis, las combis esperando a llenar, los novios romanceando en el parque, los señores platicando a la sombra de los árboles,  las doñas con sus huipiles en el mercado, las ventas ambulantes… No necesito mucho más para pasar una buena tarde callejeando, puro Yucatán sobrio, humilde, acogedor con el que respeta y amable de corazón.

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Entrada al mercado, en los alrededores encuentras donde desayunar y comer

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¿Qué sería Yucatán sin el mototaxi?

Espita fue y sigue siendo de las poblaciones con solera de la Península. Algo básico para saber la importancia histórica de una población es fijarse en la iglesia: si tiene dos torres grandes al costado de la fachada principal con sus correspondientes campanarios, nos dice que fue ciudad grande, en las poblaciones más chiquitas no tienen torres los templos. Esto es debido a que las torres se pagaban en forma de diezmo a la Iglesia, como contribución de los pobladores. Si eran pocos pobladores no llegaban para pagarse sus torres, en ciudades notorias sí. El templo de la villa de Espita es de los que da una sombra muy larga, un lugar con historia y gratas sorpresas.

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Iglesia de San José de Espita

En más de una ocasión había pasado por Espita al ir a Izamal, la carretera interior tiene tramos bonitos y me gusta conducir por aqui. Esta vez tuve la fortuna de detenerme y conocer un poquito Espita, ahora sé que regresaré y comeré donde Mildred, lo bueno se repite.

Buen camino,

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FICHA PRÁCTICA:

  • Ubicación: Espita se ubica al este de Mérida, a 80 km de Izamal y 49 km de Valladolid. Tizimin, entrada al corredor turístico de la Reserva de la Biosfera de Ría lagartos, está a sólo 27 kilómetros de Espita.
  • ¿Cómo llegar en transporte público? A Espita  llega transporte desde Tizimín, 22 pesos el trayecto de media hora. A Mérida salen combis directas sólo los lunes y martes de mañana. Tizimín está perfectamente conectado con Valladolid, Mérida y demás poblaciones importantes de la zona.
  • Consejos de visita: las fiestas de Espita son del 19 al 26 de diciembre, en esas fechas mejor reserva alojamiento. En Semana Santa igual se llena . La hacienda y cenote Kancabá se ubica a 6 kilómetros de Espita, salida norte hacia Sucilá. Sigue un cartel de madera con el nombre Kancabá, y más de 4 kilómetros por una carretera de terracería. Entrada al cenote 20 pesos.
  • Hospedaje:  hotel posada Georgina y la posada San José. Me alojé en el primero, relación calidad-precio muy correcta.
  • Espita  en el mapa de la Península de Yucatán. Abrir aquí
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