Las Haciendas son uno de los mayores atractivos en la Península de Yucatán. Podemos conocer parte de la historia social, cultural y económica de la zona a través de las Haciendas.

En 1880 la Península de Yucatán era una de las regiones más prósperas de la República Mexicana gracias al desarrollo de la industria henequera, el oro verde del Yucatán. A lo largo de la península crecían las plantaciones de henequén, vamos a conocer un aparte fundamental de la historia de la región.

¿Por qué surgen las Haciendas?

Se contabilizaban más de un millar de haciendas en la Península. Durante el período de 1850 a 1950, la industria henequera fue tan potente en la Península de Yucatán que incentivó un desarrollo espectacular de las comunicaciones, la banca y el comercio. Esto provocó un consecuente aumento en la población, con registros migratorios tan dispares como chinos (muchos para construir las vías férreas), italianos, coreanos e indios yaquis de Sonora. El oro verde marcó la vida social y económica de la región de Yucatán donde todo giró alrededor del henequén durante un centenario.

Desde las Haciendas se desarrolló esta potente industria henequera.

¿Qué es el henequén?

El llamado oro verde es una especie de cactus nativo del Yucatán. De las hojas del henequén se extraen sus fibras naturales para la fabricación de hilos y tejidos de uso doméstico, comercial, agrícola e industrial.

Del henequén se fabrican productos como fuertes cuerdas que servían para amarran los barcos, hilo para embalar, telas para decorar paredes, alfombras, sacos para café, cacao o maíz… Bajo el fervor de una demanda constante desde Estados Unidos, Francia, España y otros países europeos, surgieron muchas haciendas, superando el millar a principios del siglo XX.

Hacienda Sotuta de Peon, Tecoh, Yucatan, Mexico.
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Trabajando las fibras del henequén

Hacienda Sotuta de Peon, Tecoh, Yucatan, Mexico.
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Fibras de henequén secándose al sol

¿Por qué termina la fiebre del oro verde?

Después de la II Guerra Mundial, con la aparición de la fibra sintética, la industria del henequén cae a pique. La fibra sintética acaba sustituyendo al henequén en la mayoría de sus usos al ser un producto más económico e igual de resistente, leyes de mercado.

El henequén también fue conocido como sisal. Este nombre nació por una curiosa razón: el nombre de la población portuaria mexicana de donde partían los barcos cargados con el henequén, era Sisal. Así que Sisal era el nombre con el que marcaban los embalajes de los productos y fue el que cuajó en los países extranjeros, confundiendo el nombre del puerto con el henequén.

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¿Cómo era la vida en las Haciendas?

Las hectáreas de los terrenos de las Haciendas eran dedicadas al cultivo henequero, muchas lo combinaron con la ganadería. Dentro del terreno de las grandes haciendas se encontraba la propia fábrica henequera, el almacén, el taller y la desfibradora. La casa principal presidía la entrada a la Hacienda.

Las Haciendas se usaban sólo de forma ocasional por los dueños: los patrones de origen europeo o mestizo tenían sus propias casas residenciales en Mérida, la capital yucateca. Iban a la hacienda eventualmente a celebrar reuniones y festejos.

La casa pricipal era de techos altos para proporcionar una buena ventilación y así convivir mejor con el intenso calor de Yucatán. La cocina de la casa principal se mantenía siempre limpia porque se cocinaban en las viviendas de los trabajadores de la hacienda. Los dormitorios completaban las estancias.

Los trabajadores en las Haciendas:

Los trabajadores de las haciendas eran la mayoría de origen maya. Vivían y trabajaban dentro de las Haciendas en régimen de esclavitud, aunque evitaron totalmente esta palabra en los escritos que narran la historia, la tradición oral explica otra realidad por parte de los mayas. Las grandes haciendas funcionaban como mini países, manteniendo a sus trabajadores en un sistema de esclavitud disfrazada. Las haciendas más notables tenían sus propias leyes y moneda.

Tener una moneda propia les permitía pagar a los trabajadores con ella: sólo era válida dentro de su hacienda y el cambio a la moneda de uso corriente salía desorbitado. Así mantenían a los trabajadores en un estado ciertamente limitado, gastando lo ganado de nuevo en su hacienda y endeudando al personal con el alto nivel de vida que imponían a su antojo algunos henequeros. El ser humano siempre mostrándose abusador con el más débil, nada nuevo lamentablemente.

Dentro de los terrenos de las Haciendas se encontraba la escuela con doctrina católica para los chamacos de los trabajadores, la capilla no podía faltar, la justicia se impartía en la propia hacienda al criterio del patrón, quien tenía derecho de pernada, tenían su cárcel las Haciendas grandes, a los trabajadores les permitían tener sus milpas para que se proporcionaran la comida y no cortar con el apego tradicional del maya con su tierra, quienes vivían y morían enterrados en el cementerio de la hacienda. Una vida al servicio del patrón.

La Casta Divina, los señores del henequén:

Durante el esplendor de esta época se vivió bajo los encantos de la influencia francesa. Los barcos que regresaban de Europa una vez desembarcado el henequén, venían cargados de mercancías francesas como muebles para decorar las casas, cerámicas, vinos, baldosas… la influencia francesa incluso se dejó notar en el Paseo de Montejo de la señorial Mérida, emulando los Champs Elysees de París. En este paseo es donde residían gran parte del clan de la Casta Divina, los cuales monopolizaron el mercado del henequén.

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Casona del Paseo de Montejo, Mérida

Las Haciendas en la actualidad:

Este siglo de esplendor que vivió Yucatán nos ha dejado como testimonios cientos de hermosas Haciendas. En la actualidad se han transformado en hoteles, unas en espacios de reuniones y celebraciones de eventos como bodas, cumpleaños o quinceañeras, otras se reformaron con todo lujo de detalles para que el turista las visite y algunas como la Hacienda Aké continúa trabajando el henequén para una pequeña industria de productos que todavía perdura.

En la Península de Yucatán hay tiendas con objetos hechos de henequén como sombreros, telas o bolsos.

Hay Haciendas para todos los gustos: la más turísticas como Sotuta de Peón o la de Ochil donde ofrecen recorridos guiados, la imperdible Yaxcopoil, la maravillosa Ake, donde todavía sigue funcionando su fábrica henequera, algunas reformadas en hoteles de lujo como la Hacienda Temozón o la Uayamon. Cada vez son más las Haciendas reformadas en hoteles, un concepto que ha encajado muy bien.

Listado sobre Haciendas en la Península de Yucatán.

Hasta algunas se llega en transporte público, aunque suelen estar retiradas de la carretera.

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Habitación Hacienda Sotuta de Peón

Si vas en coche particular tienes la posibilidad de adentrarte por uno de los caminos que llevan a haciendas que se ven desde la carretera, ya verás que te será fácil comprobar el carácter afable de los yucatecos, siempre dispuestos a enseñarte su hacienda mientras te explican alguna que otra anécdota. Seguro que te sorprenden estos lugares, visites la que visites encontrarás recovecos donde seguir respirando historias pasadas. Vale la pena conocer este pedazo de historia dentro de sus muros.

Buen camino,

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