Viajando por Península de Yucatán hay ciertas costumbres, detalles y maneras que es probable que te sorprendan, al menos en mi caso así ha sido. Toda cultura y región tienen sus costumbres, algunas sorprendentes.

De viaje por la Península de Yucatán te pueden sorprender varias cosas, ya sea como extranjero o si vienes de otras partes del país. La Península es un mundo aparte en ciertas costumbres, sello mexicano con profunda raíz yucateca, ahí te van.

Polyuc, artesanos mayas, Quintana Roo
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Sorpresas culturales viajando por la Península de Yucatán

  • No saben decir NO ante una pregunta, se inventan la respuesta, te darán una dirección aunque no la sepan para evitar decirte que no lo saben, es algo cultural. ¿Y cómo lidiar esta situación?: con el tiempo he sabido leer entre líneas para saber si lo inventan o lo saben. Te recomiendo estar atento a la “seguridad” con la que dan la respuesta. Si sólo te sonríen o asienten, no te entendieron, aunque te respondan “por allá”. Al mexicano en general le cuesta decir que no, es como una forma maleducada de responder, y para mí es un lío. En poblaciones chiquitas, es probable que no te contesten porque les cuesta entenderte, sólo te van a sonreír. Un apunte curioso: de manera sorprendente llegas al estado de Campeche y allí dicen sin problema, “no lo sé”. ¿También notaste esta diferencia?

 

  • Cuando tú sudas, aquí se pasa frío. Llegarás a tu hotel y con un calor de 25 grados y verás una flazada en tu cama para cubrirte. Los meses de diciembre hasta marzo aquí sufrimos muuuucho frío, bajamos de los 25 grados y nos abrigamos, así que no te extrañe ver a los locales con abrigo, gorro y cuello alto si hace falta. Ah, en los meses de diciembre a marzo vivimos días de heladez, donde bajan las temperaturas por debajo de los 12, quedas avisado.

 

  • La impuntualidad es un hecho, algunos ni legan a aparecer. Aquí se mezclan dos cosas: entre que no saben decir que no y son muy impuntuales, hay veces que ni aparecen, y no avisan. El informalismo a veces desespera, porque el ahorita nunca llega. Evidentemente en lo que se refiere a servicios turísticos es otra cosa, hay una profesionalidad dentro del área de turismo que habla muy bien de la Península, pero si te dejan esperando no te sientas mal, no eres el primero.

 

  • Por supuesto va a encontrar oficios y marcas que ya tenías olvidados, como las profesiones de limpiabotas, ver pasar vendedores ambulantes de pan, helados o lo que haga falta. Y marcas que hace años quedaron obsoletas en tu localidad de origen. Por ejemplo, los españoles vuelven a ver una Mirinda de naranja y no hay uno que no la compre, lo de antaño se queda en la retina de la memoria.

Mirinda
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  • Retiran tu plato antes de que termines, a veces estás masticando el último bocado y te piden permiso para retirarte el plato. No sé de dónde vengan estas prisas, y más con la pausa generalizada que vivimos aquí.

 

  • Te cambian el nombre al segundo de conocerte: “hola, soy Sandra” “Hola Sandrita, ¿cómo vas?” al instante te lo cambian, y es algo que me sorprendía mucho, incluso en situaciones formales como una visita al médico. A mí me toca ser Sandrita o Sandy, ese es mi nombre en México 🙂

 

  • El yucaterco sin duda existe. Los yucatecos tienen fama de tercos, personalmente lo achaco a lo sumamente costumbristas que son, pocas veces he conocido una sociedad tan de costumbres: se sienten bien en lo que conocen, y repiten y repiten. Si les cambias una letra se pierden, eso te lleva a situaciones graciosas. No discutas contra una pared, saldrás rebotado, búscale tú mismo la vuelta, ellos no salen de su visión costumbrista: si siempre fue así, así es. Por eso a los yucatecos les llamamos yucatercos.

 

  • El volumen a todo lo que da, ya sea en un supermercado, la gasolinera o la tienda de zapatos. Personalmente es algo que me sorprende mucho, te explico: la población maya, mayoritaria en la Península, es de apariencia y costumbre tranquila. Cuando visitas una población grande o mediana tipo Valladolid o Espita, vas a ver las tiendas que como reclamo de tu atención ponen la música con los altavoces en plena calle a todo lo que dan. Y ni se inmutan mientras pasan delante del altavoz. En las cantinas o antros (bares) a veces es imposible escuchar al mesero (camarero), gustan del volumen alto. Te voy a dar un consejo que me vas a agradecer: si estás en un poblado y son fiestas, no te quedes en un hotel cercano a la plaza donde celebran la fiesta, es muy probable que el volumen de la disco móvil no te deje dormir en toda la noche.

  • El domingo del bebedor, más que del Señor. Como comento, los mayas son de apariencia y costumbre tranquila, son amables y respetuosos con el extranjero, de trato humilde y educado. Si viajas por pueblos un domingo verás que es mucho más sencillo hablar con los hombres, el alcohol les da un empujón de más y te buscan para hablar. El domingo se bebe, y lamentablemente el alcoholismo entre la población maya es un talón de aquiles. Mi consejo es que respondas como ellos cuando no entienden: sonríe de forma educada y sigue tu camino, no entres en problemas, aguantar la chapa a un borrachito es una pérdida de tiempo. Como anécdota siempre recuerdo un voluntariado en el poblado de Sabacché, donde llegamos un lunes y un gran grueso de hombres locales nos empezaron a hablar el domingo.

 

  • Los baños para dos, una sorpresa en el camino. Es sabido de los servicios de hombres con urinarios en fila, lo que no había visto son baños para chicas con tazas en línea, como para platicar mientras migitas. Es sabido que muchas chicas vamos al baño juntas, pero no creo que tengamos esa idea en la cabeza: la oferta es interesante, pero no es lo mío. No son muchos los servicios que encuentres así, según por dónde te muevas, pero en ambientes locales lo verás.

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No son todas las sorpresas que verás en tu camino ni mucho menos, ojalá ampliemos esas pequeños detalles contigo. Escribe un comentario de aquello que te sorprende viajando por Península de Yucatán, seguro coincidimos en varias cosas. Las culturas y costumbres debemos respetarlas, el percatarnos de ellas es una manera de salir de lo propio y reconocernos.

Buen camino,

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